Mientras vas en el metro o viajas puedes meditar

La humanidad se encuentra asistiendo a un ligero cambio de perspectiva en relación a lo que significa meditar, y de cómo, cuándo y dónde hay que practicarlo además de que puede animarnos a intentarlo. De hecho, la solución podemos practicarla mientras viajamos, si, en pleno trayecto. Si conseguimos sentarnos en el tren, vamos en el Uber o en avión, podemos meditar perfectamente como lo haríamos en casa. En el trayecto al trabajo por la mañana en algún vuelo camino a las vacaciones. 

Lo más importante: respirar

Quizás suene irónico juntar conceptos como ‘transporte público’ y ‘meditación’ donde el primero se encuentra colmado de de factores que resultan estresantes, y para neutralizar los existe un truco bastante fructífero y cuyos resultados son instantáneos, consiste en sentarse, cuanto se pueda y realizar 10 respiraciones profundas en un periodo de dos a tres minutos.

Tan solo con eso, podremos notar un gran cambio en nuestro estado mental. Si sentimos ansiedad o agobio en el transcurso del viaje, controlar y regular la respiración nos ayuda a alcanzar un estado de meditación incluso en medio de ese entorno. 

El secreto está en encontrarnos preparados 

Sabemos que de las muchas cosas desagradables también lo es la muchedumbre de viajeros frenéticos que podemos encontrar en pleno diciembre, y ante ello la defensa se convierte en el mejor ataque, que podría ser llegar temprano al aeropuerto o a la estación y tomarnos 10 o 15 minutos para sentarnos en silencio y respirar de forma profunda para tratar de meditar.

Esta puede ser una buena forma de restablecer el equilibrio y además de prepararse mental y físicamente para el viaje que se nos avecina. Gracias a este sencillo ejercicio de relajación no solo pasaremos de mejor forma el viaje, sino que estaremos menos tensos y más preparados para cualquier cambio de planes que sea inesperado, cosa que suele pasar en medio de las carreras navideñas. La meditación nos puede conducir a estar más tranquilos pasando menos nervios si se retrasa un vuelo o es cancelado. 

Si no podemos con el entorno, nos unimos

Cuando nos encontramos sometidos a un gran estrés, tenemos la tendencia de verlo todo como si fuese un túnel, lo que nos lleva a concentrarnos en el suelo, en eso que tenemos justo delante o en los móviles.

En tal sentido, tomar conciencia de nuestro entorno, involucrando a las personas y el espacio que nos rodea hasta los detalles más sutiles como la temperatura o las sensaciones de nuestro cuerpo puede ayudarnos a meditar, sobre todo cuando no tenemos el lujo de poder sentarnos en el trayecto, la recomendación es intentar notar todo lo que nos rodea, ello nos lleva a tomar conciencia del momento presente, incluso si estamos en plena acción.

Si somos capaces de detectar lo bueno, lo malo que sucede a nuestro alrededor mientras vamos en un metro abarrotado, y aun así conseguimos dejar la mente en blanco y tranquilizarnos, cuando podemos meditar en una habitación tranquila y soleada encima de un cojín nos parecerá que estamos levitando.

Mientras más rápido comenzamos a meditar, y asentamos nuestra mente y nuestro cuerpo en entornos caóticos, más resistencia tendremos en el futuro ante los posibles problemas.

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