Un paciente terminal puede que no escuche las bendiciones de despedida antes de que algún médico apague su ventilador portátil y lo deje morir naturalmente lejos de los pitidos de los monitores del hospital, eso significa mucho para sus familiares, sobre todo si se trata de un niño.

Este es un viaje que es posible gracias a los esfuerzos rápidos y poco convencionales del personal de los hospitales, en donde se incluye un equipo de transporte de cuidados intensivos que está acostumbrado a llevar a los niños al hospital a fin de poder salvar sus vidas, mas no a llevarlos hasta su casa para morir.

Esta es una experiencia que le devolvió el ánimo a Harriett Nelson, una enfermera de ese equipo quien ayudó en la organización del viaje. Esta situación la inspiró para realizar una investigación que ha sido pionera y en la que se aboga por el “transporte paliativo pediátrico”, aunque esta se trata de una práctica que continúa siendo poco común, pero que se ha ido acrecentando pues tiene como objetivo brindarle a las familias diversas opciones, control y comodidad para el final de la vida.

El transporte paliativo permite a las familias poder trasladar a sus niños que se encuentran en estado crítico desde la unidad de cuidados intensivos del hospital, hasta su hogar o hospicio, con la finalidad de que puedan morir en cuestión de minutos o días luego de ser retirado su soporte vital. En otras palabras, “hacer que los padres pasen por lo más difícil que jamás conocerán, en la forma en que quieren hacerlo”, señaló Nelson. En el caso del Boston Children ‘s, este se ha encargado de enviar unos 19 niños a su hogar o al hospicio a través del transporte paliativo desde el año 2007.

Esos viajes finales, son también ofrecidos por la Clinica Mayo, Children ‘s Hospital of Philadelphia y Kentucky Children ‘s Hospital, lo que puede implicar una planificación bastante elaborada, con traslados que son delicados e incluso largos paseos en helicóptero. En determinados casos, las familias se han llevado a su pequeño lejos de casa en un último esfuerzo por salvar sus vidas.

En Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, el transporte paliativo ha podido ayudar a familias que son culturalmente diversas a cumplir esos deseos finales de la vida para sus hijos moribundos. Un ejemplo de ello, es el caso de una niña recién nacida que recorrió 400 millas en una ambulancia para ser regresada a su comunidad Amish, en donde fue extubada para morir en los brazos de sus padres, y en compañía de sus once hermanos. Otro de los casos fue una niña nativa americana que contaba con 8 meses que viajó 600 millas en ambulancia aérea y terrestre hasta llegar a su reserva tribal rural, en donde le fue posible participar en los rituales del final de la vida que no podían ser realizados en el hospital.

Estos son viajes que llegan a tener un costo bastante elevado, pero que generalmente son ofrecidos sin ningún costo a las familias y son pagados por hospitales o organizaciones benéficas. La mayoría de estos niños son llevados a su casa, en donde pasan a recibir atención del personal del hospicio, mientras que otros en cambio van a las instalaciones de cuidados paliativos.

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